jueves, 1 de enero de 2015

CAPÍTULO OCHO CARTAS CON SABOR A LIMA

CAPÍTULO OCHO : STANDBY

Había pasado cinco días sin pisar el instituto, algunas horas de tareas obligatorias impuestas por sus padres y todas las noches escuchando el tipo de música melancólica que parecía venirle tan bien a su estado deprimente. No en pocas ocasiones había releído aquel correo electrónico que llegó tras la respuesta que su amiga Andrea escribió por ella.

Querida Lolita,
pensé que eras la clase de chica que huye de los problemas como de la peste. Ahora resulta que eres una intrépida.
Apuesto a que siempre haces lo que se te ordena.

Sí, eso era justo lo que estaba haciendo en aquel instante. Llamar a la puerta de Álvaro por obligación, pues su madre le había ordenado que le pidiera disculpas antes de regresar a clase. De mala gana, aceptó que no era más que una pusilánime que seguía las normas porque era más sencillo obedecer que dejarse llevar y cometer una locura que mereciera la pena pero la metiera en más de un problema que no estaba preparada para afrontar.
La puerta se abrió al tercer timbrazo. Álvaro salió a su encuentro con el torso descubierto y una botella de agua en la mano, lo que le sugirió que volvía de hacer footing. En realidad, no tenía que suponer demasiado pues lo había estado espiando por la ventana. Si había escogido aquel momento para llamar a su puerta, lo hizo con la intención de pillarlo en la ducha para no tener que enfrentarse a la mirada que ahora le dedicaba. Desde la entrada de su casa, su madre asintió satisfecha y se metió dentro de su casa para volver a sus quehaceres, por lo que Lola y Álvaro se quedaron solos.
Oh...sí....igualito a mi profesor de literatura

─Hola ─la saludó él, antes de llevarse un trago de agua a la boca.
Una gota traviesa escapó de sus labios para iniciar un camino descendente desde la barbilla hasta el pecho cubierto de un vello oscuro que se perdía bajo la cinturilla de los pantalones. A Lola se le secó la boca, y tuvo que hacer un esfuerzo para clavar sus ojos en otra parte.
─He venido a pedirte disculpas ─soltó de manera precipitada.
─¿Por qué? ─la cuestionó, mirándola con curiosidad.
─No lo sé ─replicó de mala gana. Al percatarse de que él la contemplaba con asombro, se atrevió a añadir─: mi madre me ha obligado, así que estoy fingiendo que te pido disculpas para volver a mi casa y asegurarle que he hecho lo que me ha pedido.
─No era necesario que vinieras ─masculló él, visiblemente cabreado.
Lola se encogió de hombros mostrando una media sonrisa.
─Lo sé.
Se dio media vuelta para salir de allí antes de que pudiera decir algo de lo que arrepentirse, pero a medio camino entre el jardín de Álvaro y el de su casa, la voz de él la detuvo.
─Supongo que habrás hecho los deberes atrasados debido a tu expulsión ─le recordó con insolencia.
Ella se mordió los labios hasta que se hizo daño, para luego volverse con el gesto tan agrio que supo que él había conseguido lo que se propuso: sacarla de sus casillas con una simple frase. Por ello, se forzó a sonreír.
─Por supuesto que sí, profesor Aguado ─respondió, pronunciando su apellido con frialdad.
─Estoy seguro de que conseguirás una nota lo suficiente alta para estudiar cualquier carrera ─le dijo él. Parecía orgulloso de que así fuera.
Lola volvió a encogerse de hombros antes de decir:
─¿Quién ha dicho que quiera seguir estudiando?
Álvaro parpadeó confundido ante su respuesta.
─Lola, los actos de rebeldía no tienen sentido cuando amenazan tu futuro ─quiso hacerle ver.
Comprendió que él mostraba una preocupación sincera ante su desgana.
─Mi futuro es asunto mío ─respondió, metiéndose las manos en los bolsillos y caminando hacia su casa sin mirarlo─. Tú ya me lo has dejado muy claro, así que limítate a ser mi profesor.
De un portazo, se encerró en su casa a pesar de que sabía que su malhumor no estaba justificado. Pero él le gustaba tanto que tenerlo cerca cuando no había más posibilidad entre ellos que la de una relación entre alumna y profesor la quemaba por dentro.
Cuánto bien le haría olvidarlo antes de que aquello terminara por consumirla. Por aquella razón, abrió una hoja en blanco en uno de sus cuadernos y escribió sintiendo la necesidad de liberarse sin que nadie la juzgarla. De contarlo todo. De expulsar lo que guardaba porque nadie podía leerlo. De volcar todas las frustraciones en un papel cargado de garabatos que guardaría en un cajón de su escritorio, porque necesitaba contarle a alguien que con diecisiete o sin ellos, sentía que estaba creciendo y que no era más que una espectadora de una vida que no le parecía la suya.

***
Logan se sentía como en aquella canción de Extremoduro:
Vive mirando una estrella
siempre en estado de espera.
Bebe a la noche ginebra
para encontrarse con ella.
Tomó un trago de la botella y se apoyó sobre el banco de la ventana mientras contemplaba el cielo estrellado. La ciudad de Cádiz era como un pueblo grande. Con bastantes distracciones, pero lo suficiente pequeña para que pudiese encontrarse con Lola en alguna que otra ocasión.
Sabía que tenía que alejarse de ella antes de que le causara problemas, pues la razón de su regreso a España implicaba un peligro en el que no estaba dispuesto a inmiscuir a aquella chiquilla ingenua.
Le parecía una joven que había tenido todo lo que a él le habían arrebatado, pero por extraño que resultara, cuando la miraba a los ojos podía ver reflejado toda la tristeza que la inundaba en sus propias pupilas.
─Gilipolleces ─masculló, tomando un trago.
Lola no tenía ni idea de lo que era sufrir. Puede que en su vida de cuento de hadas sacar malas notas o sucumbir a las expectativas de sus padres le resultara un drama, pero Logan sabía lo que la vida podía llegar a hacerte. Él estaba podrido por dentro, era incapaz de amar y destilaba amargura.
Suspiró al contemplar a Carla en la entrada de su puerta. En cuanto la vio llegar, caviló la idea de hacerla pasar para que ambos pudieran pasar un buen rato, pero en seguida desterró aquel pasatiempo de su cabeza. Aquella chica estaba empezando a colarse por él, y exigía la clase de atenciones que a un hombre como Logan le parecían patéticas.
No le había dado nada a lo que aferrarse, salvo un par de revolcones y cuatro palabras de deseo cuando estaban en mitad de un polvo. Carla y su tío podían irse al infierno, pues Logan no los necesitaba. Ni a ellos ni a la dulce Lola, por mucho que ardiera en deseos de pegarle una patada a la puerta de su casa y meterse con ella en la cama.
Los nudillos de su tío golpearon contra la puerta de su habitación.
─Carla está ahí fuera esperándote. ¿Es que ni siquiera vas a salir a decirle algo? ¡Se merece un poco de respeto por tu parte! ─le exigió.
Curioso que aquel miserable hablara de respeto...
Logan ladeó la cabeza para encontrarse con los ojos desorbitados de su tío. No era más que un borracho al que le pagaba el alquiler. Por tanto, le convenía cerrar el pico si no quería regresar al agujero inmundo del que lo había sacado.
─Métete en tus asuntos ─le espetó.
─No puedes tratar a la gente así. No tienes de derecho. ¿Acaso eres el único que ha sufrido?
En un arrebato de ira, Logan estrelló la botella de cristal contra la pared, y el vidrio estalló en pedacitos de cristal que se esparcieron por el suelo. Su tío lo contempló anonadado, sin decir una sola palabra. Logan lo apuntó con un dedo mientras cruzaba la habitación.
─No quiero volver a ordenarte que te calles.
─Sé que me detestas, pero ni siquiera eso te da derecho a... ─se detuvo en cuanto Logan le dedicó una mirada atravesada─. Ya sé que me brindaste tu ayuda, y que has pagado el alquiler de esta casa durante años, pero...

─No digas algo de lo que te puedas arrepentir. Ya no soy ese niño que huía de todo.
La nuez de la garganta de su tío subía y bajaba con nerviosismo. Logan lo contempló con una sonrisa torcida antes de bajar las escaleras para encontrarse con Carla, quien lo esperaba retorciéndose el cabello en una muestra de evidente nerviosismo.

─Te dije que no volvieras por aquí ─le espetó, sin saludarla.
La chica asintió con los labios temblorosos. Él sabía que había ido a su casa con la intención de hacerlo cambiar de idea, pero Logan no podía darle lo que ella quería. Al fin y al cabo, Carla no significaba nada para él.

─Lo sé, pero... ─lo miró con ansiedad a los ojos, buscando encontrar un poco de aprecio. Algo que lo hiciera recapacitar y ofrecerle el cariño que ella necesitaba.
Logan supo que Carla se conformaría con las migajas de su cariño, y se sintió miserable por los sentimientos que suscitaba en aquella chica. Jamás le concedería algo tan pobre, pues durante años, él se había tenido que conformar con gestos de afecto que nunca llegaban. Hasta que se había convertido en un hombre frío al que lo habían despojado de la capacidad de amar, Logan Taylor fue un chiquillo desgraciado que sufrió durante años.
─¿Has venido andando? ─le preguntó.
Carla asintió con los ojos llorosos, por lo que Logan resopló y caminó hacia su moto.
─Te llevo a casa.
Carla murmuró un débil agradecimiento antes de subirse a la moto y agarrarse a su espalda. Logan condujo deprisa hacia la casa de la joven, y la dejó allí porque era lo menos que podía hacer por ella.
Decidió regresar de vuelta a casa de su tío, pero algo lo detuvo al pasar por la misma cafetería en la que se había encontrado con Lola. Se sintió impulsado por un resorte desconocido, y antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía, entró en aquel lugar movido por la necesidad apremiante de encontrarla de nuevo.
Se sorprendió al percatarse de que ella estaba al otro lado de la barra, sirviendo cafés mientras limpiaba la barra de madera con una bayeta amarilla en la mano. Parpadeó confundido al encontrarla de aquella guisa, cuando la idea que se había forjado era la de una jovencita mimada que por las tardes se iba de compras con sus amigas.
─Una cerveza bien fría ─le pidió, y ella se sobresaltó al escuchar su voz.
Rodó los ojos oscuros hacia él, por lo que Logan la saludó con un asentimiento de cabeza. Ella suspiró, descorchó una cerveza y se la tendió con fingido buen humor.
─¿Qué haces aquí? ─le preguntó sin dar rodeos.
─Aprovechar que estoy expulsada de clase durante una semana para emplear mi tiempo en algo productivo ─rezongó, mientras preparaba el café que acababan de pedirle.
Logan la observó divertido. Se llevó el botellín de cerveza a los labios y sonrió cuando Lola se colocó una mano en la frente para limpiarse el sudor que le perlaba la frente.
─¿Cuándo terminas tu turno? ─le preguntó, con la idea de proponerle algo que le rondaba la cabeza.
─Dentro de quince minutos.
─Entonces dentro de quince minutos serás mía ─le aseguró él.
Lola puso los ojos en blanco.
─¿Qué te hace pensar que voy a aceptar?
─Porque te lo estás pensando. De no desearlo, ya te habrías negado.
─Me marcho a casa en cuanto termine mi turno. Ya he tenido suficiente con una semana de expulsión del instituto ─le explicó, consternada por su situación─. Lo único que quiero es olvidar esta maldita semana.
─Eso déjamelo a mí. Cuando te vengas conmigo solo podrás acordarte de mí.
─Te das demasiada importancia, Logan ─lo acusó, limpiando la barra por encima de sus manos para incordiarlo.
Logan le agarró la muñeca en cuanto la tuvo cerca.
─¿No tienes derecho a divertirte tras una agotadora jornada laboral?
─Me apetece divertirme en una compañía que no sea la tuya.
─Qué mentirosa ─la miró a los ojos y acarició su muñeca con el pulgar─. Seguro que siempre haces lo que te ordenan.
─No voy a entrar en tu juego.
Logan puso las manos en alto al percatarse de que ella no claudicaba.
─De acuerdo, pero al menos tómate una copa conmigo cuando acabes tu turno. Así fingiré que no te has alegrado de verme en cuanto te he pedido una cerveza.
A mí no me engañas.

Lola hizo que lo ignoraba, pero él se percató de que los labios de ella se curvaban en una sonrisa mientras atendía a otro cliente. Durante los minutos que quedaban para acabar su turno, la observó trabajar y se deleitó en sus mejillas coloreadas cada vez que lo miraba de reojo para asegurarse de que seguía observándola.
Se terminó la cerveza de un trago cuando ella se sacó el delantal por la cabeza, cogió una cerveza y un refresco de la cámara frigorífica y caminó hacia él para sentarse a su lado.
─Hoy es mi último día de trabajo, así que supongo que merezco una cita con un chico presuntuoso que está encantado de conocerse ─le dijo.
Logan no pudo evitar reír ante aquel comentario. Alzó la cerveza para brindar antes de llevársela a los labios y decir:
─Por tu último día de trabajo con un chico que te encanta aunque trates de fingir lo contrario ─tomó un trago, y se percató de que Lola sonreía.
─Discrepo ─replicó, por lo que él la contempló con curiosidad─. Voy a seguir trabajando aquí. Es mi último día, porque la semana que viene empiezo con contrato.
─¿Lo haces para molestar a tus padres? ─adivinó─, ¿O para decirte a ti misma que no eres la chiquilla modosita que acata las normas que le imponen los demás?
Torció el gesto y bebió un trago del refresco.
─Es evidente que lo hago para molestar a mis padres. ¿Qué puedes esperar de una chica que tiene diecisiete años?
Ambos se rieron sin poder evitarlo.
Logan se percató que ella no se separaba de él, pese a que había colocado un brazo tras el respaldo de su silla en un intento por tenerla más cerca. Ella comentó algo acerca una canción que acababan de poner en el karaoke de la cafetería, y Logan alucinó al escuchar que era una fanática declarada de Extremoduro.
─¿Qué? ─se divirtió al contemplar el gesto de él.
─Pensé que te gustaría Laura Pausini, y todos esos cantantes que les gustan a las chicas como tú.
Ella bostezó ante su comentario.
─Para ser un macarra con pinta de chulo tienes muchos prejuicios ─le soltó con descaro.
Antes de que él pudiera responderle, se bajó del taburete y corrió a hacerse con el micrófono del karaoke. A grito pelado, exigió silencio mientras llamaba la atención de todos los clientes del local. Logan la observó con los ojos abiertos de par en par, alucinado por el apremio que aquella joven mostraba. No la hacía tan osada, pero la frescura que demostraba fue un soplo de aire fresco que le hacía mucha falta a un tipo de ánimo oxidado como él.
─Quiero que todos le deis un fuerte aplauso a Logan. Está deseando cantar esta canción, pero el pobre es muy vergonzoso. Necesita que lo animéis a subir al escenario. ¡Loooooogan, Looooogan, Loooogan!
Estuvo a punto de atragantarse con la cerveza, pero no dudó en caminar hacia Lola cuando las miradas de aquel local se clavaron en él. Con una sonrisa feroz, cogió el micrófono que ella le ofrecía, pero la atrajo por la cintura cuando la música comenzó a sonar y ella trató de escabullirse.
─¿No pensarás dejarme solo en esto, eh graciosilla? ─la increpó, pero no estaba enfadado. Sin poder creérselo, el gesto impetuoso de ella lo había divertido.
Lola le dedicó un gesto angelical.
─Pero ahí tienes un montón de mujeres que se mueren porque les dediques esta canción... Cómo eres taaaaaaan seductor....─replicó con guasa.
Logan acercó sus labios al oído.
─Prefiero conquistar a la única que me interesa ─pronunció sobre su oído.
Sintió que ella se acaloraba, miraba hacia otra parte y trataba de escapar, por lo que la tomó de la cintura para acercarla hacia su cuerpo. Plantó el micrófono delante de ambos y los dos rompieron a cantar.
Soñar despierto con la luz de su sonrisa;
soñé en hablarle de su pelo y ser la brisa;
pensé decirle que la vida era su boca,
y no.
Pasa a mi lado su olor
y contengo la respiración.
Sufre Julieta en su balcón
viendo escalar a su galán.
Pensé decirle: más clara la luna brilla
y dar contra el suelo otra vez más
al contacto con la realidad.
A Lola se le perdieron las palabras con aquello que seguía de: “hoy te la meto de todas todas”, por lo que a Logan se le saltaron las lágrimas cuando se puso colorada y quiso salir del escenario. Al final, consiguieron terminar la canción ganándose el aplauso del inesperado público que los observaba forcejear con el micrófono.
Lola insistió en cantar la canción de Pimpinela, y Logan le concedió aquel deseo. Pero luego vinieron otras canciones, miradas de reojos y alguna que otra caricia dada de manera poco inocente. Al final, Lola se dio cuenta que llegaba dos horas tarde a su casa, por lo que le pidió que la llevara de regreso en aquella moto que tanto respeto le infundaba.
Él disfrutó de lo lindo cuando ella se agarró a su cintura y le gritó un par de cosas que le hicieron bastante gracia. En cuanto la dejó frente a la acera de su casa, ella fingió que no estaba avergonzada por sus mejillas sonrojadas, y él fingió que no se había percatado de ello.
─¿Todavía vas a seguir diciendo que no estás intentando ligar conmigo? ─le soltó con arrojo, en un intento por desprenderse del rubor que la sofocaba.
Logan la contempló con un deseo creciente en sus pantalones.
─No... ─su voz sonó más ronca que de costumbre. Se acercó a ella con hambre y detuvo la mirada en sus labios─. Ahora voy a besarte y vas a fingir que te tomará por sorpresa...., pero te gustará.
Lola dejó escapar el aire al sentir que la boca de Logan capturaba la suya. Cerró los ojos y exhaló un suspiro que fue directo a la entrepierna de Logan, por lo que avivó las manos de él, que recorrieron su cintura hasta agarrarle las nalgas para presionarla contra la erección. Ella sofocó un gemido, mitad deseo mitad sorpresa a causa de las sensaciones que él despertaba en ella. Cuando se separaron, Lola lo observó con los ojos entrecerrados; nublados por la pasión que la cegaba en aquel momento.
─No me ha gustado tanto ─mintió con los labios apretados, mirando hacia otro lado.
Logan volvió a aplastar sus labios contra los de ella, hasta que consiguió que ella pronunciara su nombre con una voz que lo enloqueció.
─Logan... yo...
La tomó de la barbilla para separarla, y la observó con un brillo salvaje en los ojos.
─Quieres volver a repetirlo, lo sé ─enfurecida, ella quiso replicar, por lo que él le soltó un beso rápido que la dejó atontada hasta que las siguientes palabras llegaron─. Pero me tengo que ir. Buenas noches, Lola.
Se montó en la moto, y ella lo contempló con la boca abierta.
─¡Adios! ─le gritó, antes de correr hacia la puerta de su casa para encerrarse dentro sin dirigirle una sola mirada.
Qué dura es la vida!



Logan se echó a reír, y no pudo parar de contemplarla hasta que ella se encerró dentro. Se llevó las manos a los labios para recordar el sabor de aquella boca dulce, inocente y que sabía tan bien. Antes de arrancar la moto, se percató de que en la casa de al lado alguien lo observaba sin perder detalle.


¿Quieres ayudar a que la historia se conozca? Comparte esta imagen, comenta y no dejes de leer. Porque todo el mundo merece conocer a Lola, Álvaro y Logan

18 comentarios:

  1. Me encanta!!!! que ganad tenia ya!!!! decidido Logan me encanta!!!!! que ganas de que llegue el.lunes... ese momento karaoque por favor.... y alvaro ese momento besazo tiene que estar verde de celos.... felicidades te superas en cada capitulo!!!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. a Álvarito lo corroen los celos... habrá que ver cómo reacciona. Hasta el lunes!

      Eliminar
  2. Ooooooo se esta poniendo muy interesante 😄😄😄me encanta 😄😄😄😄😄

    ResponderEliminar
  3. Me encanta la historia, Logan un personaje muy interesante, y Alvaro un redomado idiota.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay... ese Álvaro que nos trae por la calle de la amargura xD

      Eliminar
  4. Madre miaaaaa tantos dias esperando y me quedo con ganas de masssss jajjajajja que será lo que oculta Logan? Acabará Álvaro loco de celos? Aixxxxxx

    ResponderEliminar
  5. Me ha encantado!!! Deseando q llegue el lunes. 😘

    ResponderEliminar
  6. Es que Logan es un desverganzado jajaaja pero sexy DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOS!!!!!!!!!!!!!!! me encanto este capitulo Choe valio la pena esperar una semana hastea el lunes besos bella !!!!!!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. mi Logan todavía tiene mucho que mostras <3 besosss

      Eliminar
  7. Me encanto!!!Vaya capitulo mas bueno!!!Este Logan me esta ganando cada dia mas,fantastico Chloe,enhorabuena te superas!!!!

    ResponderEliminar
  8. Me mola mucho Logan . Alvarito muere de celossss y lo que te queda jajaja

    ResponderEliminar