lunes, 26 de enero de 2015

CAPÍTULO QUINCE. COMPASIÓN

CAPÍTULO QUINCE: COMPASIÓN
Soy tu peor pesadilla

Andrea revoloteaba a su alrededor en la clase de gimnasia mientras que Lola contemplaba con pavor el potro que debía saltar. En realidad era un plinto, pero poco le importaba la palabra que lo calificara. Para ella siempre había sido un aparato de tortura, y su profesor de educación física un tanque de metro noventa que gritaba demasiado y creía ser preparador de las olimpiadas. Espeluznante.
─¡Lola! ¿Me estás escuchando? ─se sulfuró su amiga.
Empezó a hiperventirlar y sintió que le pesaban las extremidades. Para mayor bochorno, Vanesa saltó el potro con elegancia y cayó hacia delante haciendo una voltereta que ríete tú de Almudena Cid.
─¡Lola! ─su amiga Andrea le sacudió el brazo.
─De verdad que no sé cómo lo hace... ─gimió, señalando con un gesto de cabeza a Vanesa, quien se granjeó el aplauso del profesor Martinez.
─Bah, es una petarda. Que salte el potro de esa manera lo único que demuestra es que sabe abrirse de piernas.
─Al menos no va a hacer el ridículo delante de toda la clase ─se quedó plantada en mitad de la cola cuando el grupo de alumnos volvió a avanzar.
─¡Muévete Lola, no te quedes ahí parada, que esto es gimnasia! ─le gritó su profesor.
Con delicadeza, Andrea la sujetó del brazo para que continuara su camino.
─Lo vas a hacer bien. No te preocupes ─trató de animarla.
─Me la voy a pegar ─gimoteó.
Observó aquel armatoste de cajones de madera que tenía que saltar y se imaginó a sí misma cayendo con las piernas abiertas en mitad del banco acolchado, clavando los dientes contra la madera y partiéndose todos los piños. De manera instintiva se llevó la mano a la boca y tembló.
─Te toca ─susurró Andrea a su oído. Observó el potro de tortura, que parecía ensanchar una sonrisa que le gritaba: “¡Te la vas a pegar!”. Le sudaban las manos y las sienes. A su alrededor, el profesor gritaba y los alumnos la observan con una expresión maliciosa. Estaban deseando que se diera la hostia del siglo para tener algo con lo que bromear─. Lo vas a hacer bien. Tienes que coger velocidad y tomar impulso cuando estés en el centro. Esa es la clave.
Ladeó la cabeza para contemplar a su amiga Andrea, quien tenía los pulgares hacia arriba en señal de victoria. Que su amiga confiara en ella la animó a intentarlo, por lo que cogió carrerilla y se envalentonó. Le recorrió un escalofrío de temor cuando se vio frente al potro, pero el grito de Andrea la espabiló, por lo que flexionó los brazos y colocó las palmas abiertas sobre el cuero mullido. Se dio impulso y consiguió llegar al final rozando el pandero contra el tablón de madera. Por los pelos, pero lo había conseguido. Suspiró de alivio y se largó de regreso al final de la cola, pero entonces, trastabilló con el filo de una colchoneta tirada sobre el pabellón y fue directa al suelo. Se estampó la cara contra el parqué, se solló las manos y los codos en un intentó por amortiguar la caída y se torció el tobillo al quedar éste a medio camino entra la colchoneta y el suelo.
Toda la clase se partió de risa, a excepción de Andrea y el profesor de gimnasia, quien fueron a auxiliarla y la asieron de las axilas para levantarla. En cuanto apoyó la puntera del zapato en el suelo, aulló de dolor y se agarró a su amiga, quien lanzó una mirada iracunda a Vanesa, que permanecía con una sonrisa maliciosa en el rostro.
─¡Tú has sido la que ha dejado la colchoneta tirada en el suelo! ¡Lo has hecho a propósito! ─rugió, con el puño libre en alto para amenazarla.
─Seguro que ha sido un accidente ─terció su profesor.
─Un accidente es lo que te voy a hacer yo en la cara ─le advirtió a Vanesa.
─¡Andrea, acompaña a tu amiga a la enfermería y ven de inmediato! Voy a hablar con el director debido a tu comportamiento agresivo.
─¿Agresiva yo? ¡Esto es el colmo! ─se exasperó, pero percatándose de la expresión dolorida de su amiga, la ayudó a caminar rodeando su propia cintura con el brazo de Lola.
Lola tenía el rostro descompuesto, y algunas lágrimas asomaban a sus ojos de manera involuntaria debido al dolor. Cogió aire y apretó los labios mientras se dirigía a la enfermería y Andrea vociferaba que le arrancaría las extensiones a Vanesa.
─¿La has visto mover la colchoneta de sitio?
─No me ha hecho falta porque ha sido ella. Estaba al final de la cola, pero cuando tú saltaste se movió de sitio y se colocó justo donde estaba la colchoneta. Entonces me puse a observarte y ella regresó al cabo de unos segundos. Para entonces la colchoneta ya estaba cambiada de lugar, tú en el suelo y ella con esa sonrisita de...
─Espera... necesito parar un segundo. El tobillo me arde.
Andrea la contempló preocupada. A lo lejos, se escuchó una voz grave que las llamaba. Era el profesor Aguado, y en cuanto se percató del gesto de dolor de Lola, quien se agarraba a su amiga como si le fuera la vida en ello, cruzó el pasillo en una carrera que lo hizo plantarse ante ellas en menos de un segundo. Agarró el rostro de Lola entre las manos y la contempló angustiado mientras Andrea abría los ojos de par en par.
─¡Lola! ¿Te encuentras bien? ¿Qué te ha pasado? ─las palabras salieron a toda prisa de su garganta mientras Álvaro recorría el rostro femenino con ansiedad.
Con una ansiedad desconcertante para Andrea, quien observaba la escena fascinada a pesar de sentirse fuera de lugar.
─Creo que me he hecho un esguince y...
Álvaro no la dejó continuar, pues pasó un brazo por detrás de su rodilla y colocó otro tras su espalda. Lola ahogó un grito cuando él la levantó del suelo y la cargó con facilidad. Andrea observaba la escena atónita, pero no desaprovechó la oportunidad para decir:
─Ha sido Vanesa, profesor Aguado. La vi con mis propios ojos ─mintió.
Álvaro asintió con la mandíbula apretada.
─Voy a llevarte a la enfermería, Lola. Gracias por cuidar de su amiga, Andrea ─le dijo Álvaro, quien comenzó a caminar con Lola a cuestas.
Las miradas de Andrea y Lola se cruzaron, y esta última ocultó los ojos en el hombro de Álvaro porque no quería que su amiga se percatara de lo que era evidente. Andrea se llevó las manos a la boca abierta y soltó una risilla antes de regresar a su clase de gimnasia.
La enfermería era un cubículo de dimensiones reducidas que hacía las veces de almacén del conserje y de asilo para un botiquín escaso que se utilizaba para situaciones como aquella. Álvaro la depositó con cuidado sobre una camilla cubierta por un papel blanco desvencijado. En ese instante, le dedicó una mirada tranquilizadora pese a que su rostro estaba lívido por la impresión.
─Eres una patosa, Lola ─le reprochó con dulzura.
Ella apoyó la cabeza contra la almohada dura y ahogó un sollozo.
─No quiero darte mala impresión, pero me duele muchísimo y me voy a poner a llorar. Será mejor que te vayas y llames a alguien. Me da vergüenza ─musitó, tapándose la cara con las manos.
─No digas tonterías ─le apretó la mano para consolarla─. A mí me trae sin cuidado que llores.
Se apartó de ella para recoger el botiquín, y regresó con vendas, tiritas, gasa, esparadrapo y alcohol para desinfectar la herida. Lola se apartó las manos de la cara para mirarlo con detenimiento. Álvaro abrió el envase de la gasa con la boca, presionó el apósito contra el alcohol y le remangó las mangas de la camiseta.
─Así que no te gustan las clases de gimnasia... ─bromeó, para distraerla.
Lola cerró los ojos cuando él presionó el apósito contra la herida en carne viva de su codo. Tragó una bocanada de aire y dejó caer la mano libre sobre el antebrazo de Álvaro. Las yemas de sus dedos acariciaron la piel masculina y recorrieron el vello. Fue un gesto estudiado que la hizo sentir un poco mejor.
─Seguro que tú eras de los que saltaba el potro de tortura haciendo un montón de acrobacias ─musitó.
─¿El potro de tortura? ─Álvaro se aguantó la risa─. La verdad es que se me daba bastante bien. El truco está en tomar impulso y abrir las piernas. Cuando quieras te enseño.
─¿A abrir las piernas? ─sugirió con cierta maldad.
Álvaro la fulminó con la mirada, pero el temblor de su mano al agarrar el otro brazo femenino lo dejó en evidencia. A Lola se le llenó el corazón de ternura.
─Lola... ─la censuró agobiado.
─Lo siento. No tengo tolerancia al dolor y puede llegar a ser una bocazas. Necesitaba desquitarme ─se disculpó. Álvaro asintió de mala gana, un tanto molesto por aquel comentario fuera de lugar. El formal y comedido Álvaro, siempre consciente de donde estaba su sitio, pensó ─. De todos modos, esta vez he saltado el potro, pero luego me he tropezado con una colchoneta tirada en el suelo.
─Andrea dice que la culpable ha sido Vanesa. ¿Es cierto? ─inquirió él.
La miró a la cara en busca de una respuesta, y aunque le hubiera gustado responderle de manera afirmativa, Lola intuyó que Álvaro no dudaría de su versión de los hechos. No lo haría, porque por mucho que fingiera lo contrario, ella no era una alumna más para él. Se había dejado en evidencia en mitad del pasillo al preocuparse por ella como jamás lo haría un profesor cualquiera.
─No lo sé. Yo no la he visto, Álvaro. Todo lo que sé es que la colchoneta apareció en mitad del suelo de repente. Andrea dice que ha sido Vanesa, y no me extrañaría porque al parecer me odia le dé o no le dé motivos. Pero no la he visto, si es lo que me estás preguntando.
Álvaro recorrió su mejilla con un pulgar, y le dedicó una sonrisa sincera que ella desconoció a qué se debía.
─Eres una buena chica, Lola.
Se encogió de hombros para restarle importancia.
─Sabes que siempre digo la verdad.
Álvaro tiró al suelo el apósito usado y asintió con gesto ausente.
─Sí, lo sé.
Acto seguido, le remangó el pantalón y le quitó el zapato para ocuparse de su tobillo. Lo tenía enrojecido e hinchado, y supo que no podría volver a ponerse el deporte. Álvaro contempló el tobillo como si se tratara de un consagrado doctor que estaba a punto de lanzar un diagnóstico irrefutable.
─¿Cuál es su veredicto, licenciado? ─bromeó ella.
Él ladeo una sonrisa, y a Lola se le encogió el estómago. Era muy atractivo cuando sonreía, y aquella sonrisa era solo para ella.
─Qué graciosilla eres ─abrió el paquete de vendas y se colocó el tobillo sobre el hombro. A Lola, aquella postura tan sexual y a la vez inocente le aceleró la respiración. Álvaro la sostuvo por la pantorrilla, como si hubiera adivinado sus intenciones─. Creo que solo es un esguince. Si te lo hubieras roto no podrías haber dado un paso. De todos modos, te lo vendaré para que vayas al hospital y te den un diagnóstico.
Comenzó a vendar el tobillo como si fuera un verdadero experto. Sus dedos rozaban la piel en toques certeros que la hacían suspirar de vez en cuando. Sabía que era necesario para vendar su tobillo, pero no pudo evitar creer en quimeras que desembocaban en sueños adolescentes y sexuales.
─Ya está ─dijo Álvaro. Le bajó el pantalón y le dio una palmadita en la mano─. ¿Te duele mucho?
─Un poquito, pero desde que te vi me duele menos. Eres milagroso, como la madre Teresa de Calcuta.
Álvaro soltó una carcajada.
─El dolor te está haciendo delirar ─le dijo, alcanzando un mechón de cabello para colocarlo tras la oreja.
Lola entrecerró los ojos y negó con la cabeza.
─Qué va... ─se mordió el labio.
Álvaro esbozó una expresión grave. A pesar de su palpable incomodidad, no se separó de ella. Inclinó la cabeza sobre la de Lola y la miró a los ojos con necesidad y una petición urgente.
─Lola, que nos conocemos... ─le advirtió.
Lo agarró de la camisa cuando él intentó separase, y rozó los labios masculinos en una caricia anhelante que provocó que Álvaro soltara un exhalación ronca.
─Si me conocieras me darías un besito para que me curara ─sugirió provocativa.
A Álvaro le tembló todo el cuerpo. Acarició la cabeza femenina con ternura y la miró a los ojos. Lola entreabrió los labios, tentándolo. Él se frotó el rostro son las manos y suspiró, como si acabara de claudicar. Acercó su boca al rostro femenino y plantó un beso en la mejilla de ella, que no se conformó con aquel gesto escueto y ladeó la cabeza para encontrar su boca. La iniciativa lo tomó por sorpresa, pero aceptó el beso y aplastó la boca contra la de ella. Sus labios se rozaron hasta que no pudo más, y se separó de ella para mirarla a la cara.
─Qué mala eres conmigo.
Ella se encogió de hombros.
─No lo soy porque tú no me dejas ─admitió, a camino entre la derrota y la victoria.
Álvaro se levantó agobiado, comenzó a ordenar las cosas en el botiquín y la miró de soslayo.
─¿Qué hay de tu enamorado montado en moto? ─le echó en cara.
─No lo sé.
─Me dejas más tranquilo ─ironizó.
Lola se encogió de hombros.
─Eres tú el que siempre me da esperanzas. Ya sabes que me gustas, ¿O es que tengo que decírtelo más veces?
─¡No, no me lo digas más! ─exclamó agobiado. Se llevó las manos a la cabeza y se echó el cabello hacia atrás─. Haces que me quiera replantear las cosas, pero no es posible. Joder, Lola...
─La culpa es tuya ─musitó ella. Álvaro le dedicó una mirada asombrada─. Intento olvidarme de ti, pero entonces haces algo que vuelve a acercarnos. No soy de piedra, pero ojalá lo fuera.
─Con ese tipo tampoco eres de piedra, Lola.
La amargura que destiló la enfureció. Luego se sintió como una egoísta y fue incapaz de mirarlo a los ojos.
─¿Qué es lo que quieres de mí? Haga lo que haga...
En dos pasos, Álvaro se plantó delante de ella y la miró a la cara.
─No te voy a engañar. Cuando te veo con él es como si me arrebataran algo que es mío pero que jamás podré tener del todo. No me lo pongas más difícil. Haz lo que tengas que hacer. Jamás te pediré explicaciones, Lola. Pero no me pidas que lo entienda, porque no puedo.
Dicho eso, se largó de allí para dejarla tirada en aquella camilla. Al cabo de unos minutos, regresó con su mochila y le explicó que había llamado a sus padres. Entonces volvió a marcharse.
***

Logan rebuscó entre los cajones de la cómoda de la habitación de la señora Ortiz. Necesitaba el número de su tarjeta para llevar a cabo el plan que tenía entre manos, pero había subestimado a aquella mujer estirada que no era tan tonta y simple como parecía. Cuando escuchó pasos cercanos en el pasillo de la segunda planta, corrió a esconderse dentro del cuarto de baño anexo al dormitorio de matrimonio.
Se colocó tras la puerta y rezó para pasar desapercibido, pero no fue necesario. Escuchó gemidos al otro lado de la pared, y no pudo evitar que la curiosidad se apoderara de él. Inclinó la cabeza para descubrir a la señora Ortiz dando rienda suelta a una pasión que jamás imaginó que sentiría. Un hombre tenía la cabeza entre sus muslos mientras ella hundía los dedos en el cabello del tipo y lo gobernaba profiriendo gemidos escandalosos. De vez en cuando inclinaba las caderas hacia el encuentro de aquella boca y pedía más.
Logan se sintió incómodo y fuera de lugar, pero no pudo evitar sonreír y taparse la boca para evitar una carcajada. Aquella mujer no era el ser frívolo y carente de emociones que había supuesto, sino que era mucho peor. Era falsa, calculadora y lo tenía todo bajo control. Logan sacó el teléfono móvil de su bolsillo y captó un par de imágenes de aquella escena. No tenía intención de hacerlas pública salvo que la Señora Ortiz descubriera sus intenciones. Al menos le servirían para chantajearla si se le ocurría la idea de despedirlo.
No, Logan no podía salir de aquella casa. Lo haría, no obstante. Pero debía esperar a que el hombre que le había arruinado la vida regresa de su maldito viaje de negocios.
Recordó aquel día de hacía quince años que jamás podría borrar de su memoria. Se le helaron las entrañas y tuvo que sentarse en el inodoro para no caerse de bruces. Pegó las manos a las sienes y exigió que los recuerdos se detuvieran, pero las imágenes de la sangre y los disparos se agolparon en su cabeza.
Logan solo podía pensar en su padre. Había escuchado los gritos y sabía que algo no iba bien. Frente a él, su madre lloraba desconsolada y murmuraba el nombre de su esposo mientras trataba de marcar el número de la policía.
Logan, cariño. Escóndete aquí y no salgas, ¿De acuerdo? ─la voz asustada de su madre lo sacó para siempre de su infancia. En aquel momento no lo supo, pero años más tarde descubrió que aquella frase le cambió la vida.
Observó la expresión aterrorizada de su madre mientras marcaba el número de la policía y agonizaba de pánico al percatarse de que les habían cortado la línea telefónica. Entonces se dirigió a su primogénito y lo sostuvo por los hombros.
Cuida de tu hermano y no salgáis del armario bajo ningún concepto, ¿Entendido?
Michael asintió sin estar convencido del todo, y su madre corrió hacia la puerta de la habitación.
Voy a tratar de despistarlos para que no entren. Aquí no os harán daño ─prometió, y por primera vez en su vida, Logan supo que su madre les estaba mintiendo. Antes de salir por la puerta, los miró con una sonrisa triste─. Os quiero.
Michael cerró la puerta del armario y colocó a Logan detrás de un inmenso abrigo de pelo. Apretó la mano de su hermano pequeño y agarró el pomo del armario como si con aquel gesto pudiera evitar que alguien los descubriera.
No voy a dejar que te hagan daño ─le prometió su hermano.
Era cinco años mayor que Logan y estaba empezando a convertirse en un joven al que todos tomaban por responsable. A los siete años Logan era un niño atolondrado que disfrutaba haciendo travesuras. A los doce Michael cuidaba de su hermano pequeño porque era su deber.
Y entonces se escuchó un grito de mujer. Y un disparo. Su madre. Había sido su madre porque uno sabía cuando gritaba su madre.
Logan agarró la mano de Michael y comenzó a llorar, pero Michael le tapó la boca para que no los descubriera. Cuando Logan dejó de llorar, Michael lo miró como si hubiera dejado de ser el niño de doce años que era hacía unos minutos.
Tengo que ir a ayudarla ─decidió.
Pero... pero no puedes dejarme... ─sollozó Logan.
Es mamá.
¡Michael!
No te pasará nada si te quedas dentro del armario ─le aseguró. Y Logan supo que aquello también era mentira.
Su hermano abrió la puerta del armario, le echó un montón de ropa encima para cubrir el cuerpecillo enclenque y volvió a cerrar las puertas. Logan se quedó paralizado, cubierto por los abrigos y con los ojos abiertos de par en par. Muerto de miedo.
Escuchó que la puerta del dormitorio se abría. Era Michael. Su hemano comenzó a gritar el nombre de su madre, y apenas escuchó la voz pesada de su madre. Sonó como un gemido cargado de borbotones. Palabras ineludibles que la acercaban más al mundo de los muertos que el de los vivos.
Otro disparo.
El sonido le acartonó los músculos, y Logan se orinó encima. Ni siquiera se avergonzó por ello. En aquel momento dejó de ser un niño que pudiera avergonzarse por mearse con los pantalones puestos.
Más pasos.
Pasos que se acercaban hacia el armario. Pasos que no eran de Michael, a pesar de que no podía ver al extraño que se acercaba. Pasos que se dirigían hacia su escondite. Pasos... pasos... más pasos. La puerta se abrió de golpe y Logan sintió una respiración masculina. Escuchó voces y sirenas de policía. Unas manos comenzaron a remover entre las perchas y rozaron el abrigo que cubría su cuerpecillo. Voces, sirenas, y entonces....

Se despertó sobresaltado. Los gemidos de la señora Ortiz se habían esfumado y ya no había nadie en el dormitorio. Necesitaba salir de allí antes de que se asfixiara, y así lo hizo. Echó a correr escaleras abajo, encontró su moto y aceleró en una curva.
Necesitaba beber, o tal vez no. Necesitaba olvidar y solo existía una persona capaz de calmarlo. Condujo hacia la casa de Lola porque la necesitaba a ella. A Lola y sus ojos inocentes. A todo lo que ella era y él jamás podría volver a ser.
Aparcó frente a la casa y la descubrió sentada en las escaleras del porche con el gesto ausente. Estaba ensimismada, pero él estaba atacado. En cuanto sintió su presencia, inclinó la cabeza hacia arriba y le sonrió. Entonces frunció el entrecejo al percatarse de que las manos de Logan temblaban mientras él permanecía paralizado junto a la moto.
Ella se levantó con dificultad y arrastró uno de los pies en su dirección. Logan contempló el tobillo vendado, pero fue incapaz de moverse. Ella consiguió llegar hacia donde se encontraba, y sin decir una sola palabra lo acogió entre sus brazos.

 Logan sollozó como el niño pequeño que había dejado de ser. Lola no dijo nada.
Logan hundió la cabeza en el pecho femenino y murmuró una disculpa que Lola disipó con un susurro. Se sintió menos desamparado. Se sintió mejor. Mucho mejor.
Lola lo obligó a ir hacia las escaleras del porche y él se dejó hacer. Solo cuando se tranquilizó fue capaz de mirarla a los ojos. Con ella no podía sentir vergüenza porque Lola no era esa clase de chica. En sus ojos existía una preocupación sincera.
─¿Qué te ha pasado en el tobillo? ─le preguntó, al percatarse de la venda que le rodeaba el pie.
─No es nada ─agarró las manos de él y lo miró a los ojos─. Logan... ¿Qué te pasa?
Él tragó el nudo que le apretaba la garganta. No se lo había dicho a nadie, pero con ella sintió la necesidad de ser sincero.
─Mi madre ha muerto ─le dijo, evadiendo su mirada─. Me fui porque se estaba muriendo.
Ella se apretó contra él y colocó la cabeza sobre su hombro.
─Lo siento mucho, Logan. Lo siento muchísimo ─le aseguró, y él supo que era verdad. Era la típica frase que todo el mundo solía decir en una situación como aquella, pero en los labios de Lola sonó como una verdad inquebrantable.
Logan se percató de que tenía la chaqueta húmeda por las lágrimas de Lola. Ella... estaba llorando.
¿Por qué demonios lloraba?
Nadie debía llorar por Logan Taylor, nadie...
─¿Estás llorando? ─era obvio, pero lo preguntó de todos modos.
─No puedo ni imaginar por lo que has pasado ─musitó, sorbiéndose las lágrimas. Apretó la mano de él y Logan sintió un escalofrío. Qué sensación tan extraña─. Me da miedo saberlo porque has debido de sufrir mucho.
─No llores por mí. Joder, no lo hagas.
─Logan... ─trató de encontrar sus ojos, pero él rehusó mirarla.
Se levantó de inmediato para luego quedarse parado.
─No quiero complicarte la vida.
─Sentir empatía por alguien no es lo que yo llamaría complicarse la vida ─respondió ella con suavidad.
─¿Empatia o lástima? ─espetó con furia.
─Logan, eso no es...
Él la interrumpió porque no quería seguir escuchando mentiras.
─Será mejor que me vaya.
─¿Y entonces a qué has venido? ─sugirió ella─. Necesitabas alguien con quien llorar y no debes culparte por ello. Eres humano y...
─Sería más fácil para ti si te propusiera amor eterno y todas esas cosas, ¿No? ─le espetó, destilando toda la amargura que llevaba conteniendo.
No era de los que exigía más que un polvo sin compromiso, pero empezaba a dudar de sus propias necesidades.
Ella dio un respingo, abochornada por la recriminación tan espontánea. Tan absolutamente sincera.
─Logan, no tienes ni idea de lo complicado que es esto para mí. Me siento en una posición muy incómoda
No quería que aquel tema surgiera entre ambos, pero ya iba siendo hora de aclararlo.
─Por supuesto que te entiendo, Lola. Necesitas un amarre seguro al que agarrarte. Un chico que no te complique la vida, porque estás enamorada de otra persona y todo sería más sencillo si yo fuera una opción segura. Pero no lo soy.
─No estás siendo justo conmigo ─se defendió, humillada por sus palabras─. No pedí que aparecieras en mi vida, pero lo hiciste de todos modos. Solo intento comprenderte. ¿Acaso crees que para mí es fácil empezar a necesitar a otra persona? ¿Qué pasará si te marchas? ¿Si me dejas colgada?
Logan tragó el nudo que le atenazaba la garganta.
─¿Qué pasará si lo eliges a él?

¿QUÉ OS HA PARECIDO? RECONOZCO QUE TENGO EL CORAZÓN EN UN PUÑO AL VISLUMBRAR LO QUE LE HA PASADO A LOGAN. ¿Y QUÉ HACEMOS CON ÁLVARO? AY AY AY...
DEJAD VUESTROS OPINIÓN EN UN COMENTARIO. HASTA EL JUEVES!!!!




22 comentarios:

  1. CHLOEEE ME VAS A MATAR!!! YO KIERO QUE SE QUEDE CON LOGAN, Y A VECES CON ALVARO, PERO ES QUE ESTE ULTIMO NO SE DECIDE NUNCA, EN CAMBIO LOGAN HA SUFRIDO BASTANTE Y LOLA ES LA UNICA QUE LE DA PAZ Y TRANQUILIDAD. Y BUENO YA LOGAN SE GANO UN PEDACITO DE MI CORAZON QUE ALVARO AUN NO SE TERMINA DE GANAR....DESEO EL PROXIMO CAPITULO CON ANSIAS!!!

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    1. Sí, Logan ha sufrifo mucho y merecr su final feliz... ¿Pero será con Lola? Ahí está Álvaro jaja

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  2. Perooo un pokito mas joo. K recuerdos me a traido esa clase de gimnasia yo era de las de lola .k no salto k me mato jajaja. Yo tamb kiero a alvaro a ratos pero a logan lo kiero pa siempre 😆😆

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    1. El potro era una tortura. Yo lo temoooo
      Logan es... complicado jeje

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  3. Lola esta confundida sobre logan porq se apoyan mutuamente cuando lo pasan mal pero realmente eqta enamorada de Alvarooo!!tienes pensado con quien se quedará Lola?

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    1. muy cierto.
      Sí, lo tengo pensado y decidido con quien se quedará. El finalestá cerrado

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  4. como que hasta el jueves????? quiero el siguiente yaaaaaa!!!! chloe!!!! donde estas???? quiero a logan para toda la vida ....si ya lo estoy diciendo yo que poco a poco se esta enamorando... alvaro al carajo... no sabe lo que quiere... hayyyyyy que bonito por favorrrrrrrrr. vanessa expulsada para los restos vamos. y yo era de las que me caia siempre saltando al potro.. vamos siempreeeeeeeee.... jajajaja. felicidades de nuevo .

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    1. Yo también me caía jaja qué pesadillaaaa
      Y Vanesa es un horror... Lola tendrá que espabilar y defenderse

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  5. Ese Alvaro va acabar locooo !! me encanta Lola provocandolo a la mínima que puede . Y Logan me produce mucha ternura pero no lo veo nada seguro para ella , no se ve de fiar....

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    1. Es que Logan no es de fiar... está colado por Lola, pero se deja llevar por el odio. Habrá que ver si es capaz de dejarlo de lado...

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  6. Pobre Logan se esta enamorando....si al final Lola se decide por alvaro me envias a Logan jajjaja...y Alvaro pasandolo mal también....no se k pensar...deseando saber con kien se keda aunque creo k nos harás esperar intrigadas...jajajjaa k te gusta...jajajaja

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  7. Holaaa!!! Me a gustado mucho el capitulo , pobre Logan a sufrido muchisimo , esta sintiendo cosas por Lola . Alvaro se tiene que espavilar mas que Logan le esta ganando terreno.
    Besotes!!!

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  8. Se me ha hecho cortisimo,tengo una teoria,no se si me eqivoco,pero creo qe Logan y Alvaro son hermanos

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    1. ¿Hermanooossss? :o
      Se liaría la de Diosss jajaja

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  9. Ay Dios buenísimo capítulo, ya quiero leer el siguiente, que Álvaro despierte que ahí está Logan esperando.... Gracias!!!!

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  10. y no se puede con los dos jeejeje..saludos!!

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  11. Pobre Logan dios que difícil es todo lo que esta pasando . Lola por su parte lo complica mas debatiendose con dos amores y Alvaro tan indeciso el me desespera prefiero a Logan

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    1. Es que es muy difícil...Lola necesita a alguien centrado para olvidar a Álvaro... pero aun asíla atrae Logan

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